El vertiginoso tránsito hacia la digitalización integral de la docencia, la implantación de la administración electrónica total y la dependencia estructural de infraestructuras de computación en la nube han reconfigurado radicalmente el mapa de riesgos tecnológicos de
las instituciones de educación superior.
Para la UPCT, la protección de la privacidad de su comunidad, concatenada con la defensa implacable de su infraestructura crítica frente a amenazas asimétricas como el ransomware o el ciberespionaje, se ha convertido en un
mandato existencial. La universidad ha optado por blindarse implementando una arquitectura de seguridad que amalgama la certificación gubernamental, la gestión independiente de la privacidad y el liderazgo nacional en la investigación sobre ciberdefensa.